Posteado por: cronchis | abril 10, 2008

La tradición de un Pueblo Cristiano

Cargar en Semana Santa es una actividad ya habitual para muchos. Algunos lo hacen desde pequeños, otros cuando llegan a su juventud. Pero hay un factor común en todos los que participan en estas tradiciones: ser cargador no es cuestión de status económico o social, es cuestión de una tradición cristiana que se vive desde hace casi cinco siglos en este país, de la cual muchos quieren formar parte.

Por: Jaime E. García Oriani

La tradición de las procesiones en Semana Santa se remonta a la época colonial. Desde ese entonces, imágenes de diversas tallas y talas, que aún existen, han recorrido y todavía recorren lo que en aquel entonces era la capital de Guatemala.

Explica el historiador Ricardo Avelar que “las procesiones se desarrollan una semana entera, lo que dura la semana en que los católicos conmemoran la Pasión de Jesucristo. Inicia con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el Domingo de Ramos”. 

Fray Ricardo Godoy, religioso y sacerdote mercedario, cuenta que “no se sabe exactamente el origen de las procesiones. Cuenta la tradición popular que todo comenzó cuando los dominicos y otras órdenes religiosas, como nosotros (los de La Merced) querían evangelizar al entonces pueblo indígena de la colonia. Por consenso, se acordó comenzar las procesiones para hacerles tangible y cercano, a los indígenas, la semana de sufrimiento que vivió Nuestro Señor Jesús por ellos y por todos los hombres”.

La primera procesión se realizó en la ciudad de Santiago de los Caballeros (Antigua Guatemala) el 10 de marzo de 1543.

El fervor cristiano del pueblo guatemalteco hizo que la tradición se extendiera rápidamente por todo el territorio nacional, teniendo así procesiones similares en Los Altos (Quetzaltenango), Huehuetenango y Livingston. “Con su popularización, las procesiones de la Semana Santa dejaron de ser exclusivamente para las calles pequeñas y empedradas de la Antigua Guatemala. Es muy conmovedor ver cómo cada etnia adapta esta tradición a su modo cultural de vivirla”, dice Fray Godoy.

Son cientos las procesiones que se organizan en todo el territorio nacional. Las hay desde las más modestas, como en pequeños poblados, hasta las más espectaculares, que se organizan en la capital y Antigua Guatemala, donde concurren decenas de miles de creyentes y donde siempre la “principal atracción” es ver a Cristo que pasa para morir en la cruz por todos los hombres. 

Avelar cree que vivir particularmente las procesiones no excluye que los guatemaltecos, independientemente de su status social o circunstancias, quieran participar como cucuruchos (sustantivo para nombrar a quienes cargan las andas procesionales).

Así durante toda la Semana Santa, las calles empedradas de la Antigua Guatemala están repletas de personas. Hombres vestidos de capuchas color púrpura predominan la escena. Sus caras tienen distintas expresiones: algunos denotan una paz interna, otros se ven nerviosos y varios alegres porque ha llegado su turno para cargar el anda principal de la Procesión de la Iglesia La Merced.

 

Una tradición familiar y nacional

Mientras Roberto Puac Lorenzana esperaba su momento de carga, narró su historia como parte de esta procesión. “Mi papá siempre cargó… y desde pequeños nos introdujo esa costumbre a todos sus hijos varones, por eso comencé a cargar”, aseguró. Desde los 15 años participa llevando el anda. Cuarenta años después desde que comenzó a cargar, dice que no lo dejará de hacer hasta que su físico se lo impida; ni las distancias podrán imposibilitarle cumplir esta tradición, pues aunque vive en San José Pinula, municipio de Guatemala, todas las Semanas Santas se desplaza a la Antigua para cumplir con esta costumbre cristiana.

Puac cree que cargar no es únicamente continuar con lo que “alguna vez hizo mi padre. Vivir de esta manera la Semana Santa es vivirla como realmente se debe: conmemorando la pasión del Señor”.

José Fernando Pérez también es fiel a la tradición. El ingeniero industrial de 41 años de edad viaja también el Domingo de Ramos, desde su casa ubicada en la zona 14 de la capital, a la Antigua Guatemala, para participar en la Procesión de La Merced. No es primera vez que lo hace; por el contrario, para él cargar es toda una cultura de vida. La primera vez que lo hizo fue cuando tenía entre 12 y 13 años. “Como muchas personas, el hecho de cargar es mucho más que una tradición (porque lo heredé de mis papás o toda la familia lo hacemos, etc.) Uno carga porque está convencido de que es una buena forma de vivir la Semana Santa”, opina Pérez.

Además hay otras formas en las que el pueblo guatemalteco participa en las Procesiones. Los que no pueden cargar, por distintos motivos, no se quedan con los brazos cruzados. Este es el caso de Lourdes de García, quien coordina la organización del evento. “La música fúnebre lenta, el incienso y las alfombras de aserrín forman un conjunto armónico, es un todo, que ayuda a los feligreses a entrar en el ambiente procesional; si no se organizara, no sería posible”, afirma de García.

Es tan importante el conjunto, que los cargadores se mueven al son de la música, las andas pasan sobre las alfombras que recuerdan la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y el incienso exalta la gloria y dignidad del Hijo de Dios que, al final de esa semana, moriría y resucitaría por amor a los hombres.

“Es importante que conservemos estas tradiciones, porque así como antiguamente ayudaba a los indígenas a que conocieran el misterio pascual, así ahora, a los cristianos de hoy día, les ayudará a recordar el verdadero sentido de la Semana Santa”, dijo Fray Ricardo Godoy.

Recuerda Roberto Puac que durante los años que acompañó a su padre a la Antigua Guatemala, la gente hacía verdadera penitencia durante la semana pero “ahora ya no. La penitencia se quedó sólo para el momento de la procesión, porque a la gente los hace ‘sentir bien’ llevar un anda, pero en la noche se olvidan del sufrimiento de Cristo y actúan como si fueran los romanos que azotaron al Señor”. 

De igual forma, Pérez cree que vivir la Semana Santa con las procesiones debe ser  “mucho más que un sentimiento agradable o emocionante. Es la época del año que se espera con más ilusión. Cargar es una forma -que a algunos les gusta y a otros quizá no- de manifestar y vivir la fe”.

Con las procesiones se venera la muerte de Cristo y se hace vida para los guatemaltecos, porque “lo tradicional se convierte en una celebración donde la muerte es venerada con la vida”, concluye Fray Ricardo Godoy.

Pocos países en Latinoamérica han guardado tan celosamente la tradición colonial de la Semana Santa como Guatemala, que ha hecho de estas celebraciones una de las expresiones más profundas de su idiosincrasia, como reconocen intelectuales que lo han dejado testimoniado sus más grandes artistas en pinturas, poesías, libros y partituras.

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